Para aprender a vivir, a pesar del autismo
por Luisa María González / Fotos de Miguel Guzmán Ruiz & Jorge Pérez González
Rodar un carrito de juguete por toda la sala, reconocer los diferentes colores o decir la palabra mamá puede suscitar toda una fiesta en celebración de los resultados obtenidos tras un largo tiempo de trabajo con un niño autista.
Este, aunque por su condición parece habitar un mundo demasiado distante, es capaz de acortar las distancias.
El trastorno cerebral conocido como autismo limita -en quienes lo sufren- las capacidades para comunicarse, comportarse e interactuar socialmente. No obstante, la ayuda especializada puede llevarlos a conseguir avances en cuanto a su desarrollo e independencia.
Esta premisa guía en Cuba a expertos que, armados de conocimientos, amor y humanidad, no descansan en el propósito de enseñar a vivir con autonomí
a a niños, adolescentes y jóvenes autistas.
La tríada médico-escuela-familia se convierte, entonces, en fundamental para una atención que mientras más temprano se inicie, mayores posibilidades tiene de conseguir buenos resultados.











