Trabajo entre pétalos
por Norlys Pérez Padrón / Fotos de Norlys Pérez Padrón
“Hace cuatro años me dedico a sembrar flores y me pienso morir haciéndolo”, me confiesa Abel Acosta Pérez, campesino de la Cooperativa de Crédito y Servicio (CCS) Camilo Cienfuegos, perteneciente al municipio Quivicán, de la occidental provincia de Mayabeque, Cuba.
Cuando usted llega a San Andrés, nombre ancestral de la finca, solo ve en su frente un campo florido. La propiedad solo cuenta con una extensión de dos hectáreas; sin embargo, produce anualmente más de 22 200 docenas de flores de diferentes variedades. Clavel, Gladiolos de variados colores, Azucenas, Margaritas de Japón, Maribela, Lírio y Marigol, son algunas de las trece especies que con asesoramiento del Instituto de Investigaciones Hortícolas Liliana Dimitrova, reproduce con éxito este floricultor de 39 años.
Abel me cuenta: “Cultivar estas plantas requiere mucho cuidado y la mayor parte de las labores hay que hacerlas manualmente. Empleo frecuentemente tracción animal”
Junto a él solo trabajan dos hombres contratados a tiempo completo. En momentos de pico de cosecha emplea a dos más. “Abandono la faena cuando todo está hecho, casi siempre al atardecer”, dice Acosta con orgullo.
Me voy, es mediodía, me llevo las imágenes en mi mente y en la cámara, pero el campesino regresa a su faena, de seguro, hasta que el sol comience a caer.









